miércoles, 19 de marzo de 2025

Hijos y madres

Mira qué es difícil ser padres, ser madre. Mira qué es difícil ser hijos, ser hija. Para ninguna de estas tareas se necesita un carnet, aunque sean las dos facetas más importantes que desarrollemos en nuestra vida. Hacemos una carrera, con sus prácticas, con sus contratos de a poquitos para ir escalando puestos laboralmente y ser finalmente lo que queremos ser; y, sin embargo, para ser hija y madre solo basta con nacer y engendrar, algo natural y otorgado a todos los seres vivos, independientemente de sus capacidades para desarrollar un rol u otro. 

A todas las madres nos preocupan nuestros hijos por encima de nosotras mismas, bueno no todas, que hay, como dice mi madre "madres y madrecillas", a lo que yo añadiría los términos madres, madrazas, madrecillas e hijas de puta. Y es en estos tres últimos términos en los que me quiero detener, porque tan malo es ser una hija de puta, que a ésa se le ve al final el plumero y los asuntos sociales si hacen su trabajo le ponen remedio, como ser una madrecilla o madraza. Tan malo es pecar por defecto como por exceso y a éstas no les ayuda nadie. 

Los hijos son el reflejo de los traumas de sus padres, y gracias a Dios también de las virtudes, pero como en casi todo en esta vida, intentamos cubrir las deficiencias en lugar de poner el foco en las destrezas, por eso no fomentamos como debemos las fortalezas académicas de nuestros hijos, por ejemplo, y sí sus debilidades. 

Para mi una madrecilla o mala madre, como se ha acuñado hace poco este término, es la madre que sabe que no llega a todo y que por defecto dejará de cubrir necesidades de sus hijos a sabiendas. Esto generará seguramente algún trauma, alguna laguna, en sus hijos, que quizás noten o no, pero al menos la familia será feliz, porque cada familia es un mundo, no comparable con ninguna otra porque cada uno de sus miembros es distinto y en conjunto crean un ente único. Y es que intentar ser perfecto y que lo sean tus hijos es morir en el intento cada día. Voto por ser feliz.

La madrazas, por el contrario, son un ser de luz tocado con una varita mágica capaz de anticiparse a todas las necesidades de su hijo y colmarlas, lo que conllevará a tener en el futuro adultos que no saben lo que quieren, sin poder de decisión, sin recursos emocionales para lidiar con la frustración, etc... Estas familias pueden que sean felices en su conjunto a pesar de que esa madraza se sienta constantemente frustrada por no llegar al cien por cien a todo porque eso es imposible y no cuestión de varitas. 

Las madres, así sin apelativos ninguno, no existen, porque la perfección en sí misma no es posible. Todos nos equivocamos, todos erramos al educar a nuestros hijos porque ellos tampoco traen un libro de instrucciones, porque ellos evolucionan al mismo tiempo que crecen y modifican sus necesidades, sus anhelos, sus miedos, su carácter, su personalidad. Los padres, las madres, debemos evolucionar con ellos, pero teniendo encima el peso de la responsabilidad, de nuestras vivencias, que nos traen buenos o malos recuerdos y experiencias pasadas al presente, y que de un modo u otro trasladamos a nuestros hijos.

Yo creo que soy una madrecilla, una mala madre, no llego a todo y soy consciente, inculco mis propios miedos y fracasos en mi hijo e intento que él sin saberlo los supere. Lo apunto, por ejemplo, a una academia de inglés porque ha sido siempre mi asignatura pendiente, esa que no me ha gustado y me ha traído por la calle de la amargura a pesar de haber sido siempre una buena estudiante, pero veo que es super importante para su futuro laboral (tiene apenas 8 años y le encanta la informática). Pero no lo apunto a dar clases de música a pesar de que yo soy profesora de piano y sé que tiene cualidades para su desarrollo, y no lo hago porque él no me lo pide y no voy a cometer el mismo error que mis padres, y porque además yo sufrí en ese camino mucho más de lo que quizás aprendí, que también fue mucho. 

Me paro a pensar en las virtudes de mi hijo, en sus habilidades, para fomentarlas, y me resulta complicado verlas. Quizás a mis padres les ocurría lo mismo y no venían que estar todo el día escribiendo "papelitos" o diarios era lo que debían fomentar. Al final fui periodista, pero sin duda escritora frustrada, quizás tampoco hubiera sido buena, pero eso nunca lo sabremos. A mi hijo le encantan los videojuegos, como a todos los niños en esta época, quiere ser programador, ahora mismo lo tiene claro, pero ¿cómo fomentar eso? ¿es un futuro real? También le gusta la robótica y desde hace un par de años asiste a clase, eso creo que suma a nuestro favor. Así que empate con el inglés que dice que lo odia.

Y es que mi hijo es distinto a mí en casi todos los aspectos, sin embargo lo trato como me hubiera gustado que me tratasen a mi. No sé si ese es el camino correcto, pero como mala madre es el que estoy siguiendo. Creo que a mi me hubiera gustado que me ayudaran desde pequeña con el inglés apuntándome a una buena academia que posteriormente me hiciera crecer laboralmente en mi etapa adulta, por eso mi hijo va a inglés como extraescolar, pero también asiste a clases de robótica, que es lo que le gusta y me pide, y, por otro lado, no fuerzo su inscripción en un conservatorio aunque nos perdamos a un gran músico. 

No sé si lo estaré haciendo mejor que mis padres, pero cada día escribo una línea de un libro que mi hijo cerrará cuando ya no me necesite, saldrá al mundo y se desarrollará como persona. En ese momento nos otorgará a su padre y a mi la nota que le plazca y con ella tendré que convivir, igual que lo hacen mis padres cuando saco a relucir cosas de mi infancia que me marcaron de forma negativa, olvidando como mala hija aquellas que me brindaron la oportunidad de ser como soy, porque estoy orgullosa de mi misma, a pesar de mis taras, pero como decía al principio, las hijas, tampoco pasamos un examen para serlo y hasta que no somos madres no llegamos a entender mínimamente a nuestros padres, un aprendizaje que llega tarde y que en muchas de nosotras quizás no llegue nunca.

Así que intentemos mantener el equilibrio entre lo que somos y lo que nos gustaría haber sido, entre lo que nuestros hijos son y lo que queremos que sean, quizás así logremos tener algún trauma menos todos. Y si no, al psicólogo, que para eso se está convirtiendo en una carrera de futuro. El caso es que al final del día, podamos esbozar todos, padres/madres, hijos/hijas, una sonrisa.

martes, 18 de marzo de 2025

Nuevo destino...Mirasierra

Enero es el mes en el que nos solemos plantear nuevos horizontes, aprovechamos el cambio de año para dar un giro a nuestra vida, a nuestros hábitos, a veces es un giro pequeño, en otras ocasiones giramos un poco más y hasta nos apuntamos de veras al gimnasio, pero muy pocas veces esos planteamientos llegan con firmeza al verano. Vemos la necesidad de cambiar algo, lo hacemos en la medida en la que podemos y normalmente por la propia inercia que nos da la idea del cambio, pero somos poco persistentes la mayoría de las veces en esos empeños. Sin embargo, en ocasiones se transmiten noticias que provocan un cambio que te marca o te trastoca la manera en la que mirabas la vida hasta ese momento. Y estos sí que son nuevos horizontes y para toda la vida. 

En un enero mi madre nos dijo que tenía cáncer de mama, en otro mi padre anunció que tenía cáncer de próstata y en otro primer mes del año nos dieron la noticia de que se separaban después de casi 50 años juntos. Los eneros no han sido muy halagüeños últimamente como podréis imaginar. Y sí parece que las "grandes" noticias en mi familia se dan en la temida cuesta de enero.

Sin embargo, lo que os vengo a contar tiene a todas luces pinta de ser la excepción que confirma la regla de que los eneros en mi casa no son el mejor mes del año. Y es que este curso, después de cerrarse mi centro, el CEIP Duque de Rivas como ya sabéis, a los maestr@s nos desplazaron a otros colegios, a mí al CEIP Pablo García Baena; pues bien, como no podía ser de otra manera en este enero de 2025 nos han reunido para darnos un nuevo destino definitivo. Bueno, dado, dado si lo querías, que si no te quedabas suprimido y a seguir esperando turno en el concurso de traslado. El caso es que por mi especialidad ofrecieron dos centros, uno que desde hacía unos años le hacía ojitos por la cercanía a casa sobre todo y otro que parecía ser una bomba de relojería a punto de estallar según los comentarios que estaba teniendo en el presente curso. 

¿Sabéis cuál elegí? No, ése no, que me lo quitaron.  El otro. Y digo elegí porque así fue, yo lo elegí, no me lo hubieran dado si no lo hubiese querido, pero quise. Y ¿sabéis porque quise la bomba de relojería? Exacto, porque también estaba cerca de mi casa. ¿Qué mejor premisa a seguir que ésa?

A parte de por la simpleza obvia del kilometraje, elegí el centro Mirasierra, que es como se llama mi nuevo destino definitivo, porque sentí que en él estaba mi futuro, no me preguntéis por qué, porque seguramente diría un montón de sandeces. Pero al igual que al otro centro le había hecho ojitos y salió rana al final, a éste no se los hice en su momento y me pareció que volvía a buscarme en el destino incierto que es la vida del maestro muchas veces, o mejor dicho en muchos casos. Así que eso, unido a la incertidumbre que otorga la posición de maestra suprimida, me hizo inclinar la balanza hacia ese lado, la cercanía a casa. Además, "¿qué bomba de relojería podría ser?" pensé, "exagerados", y es que a los que vivimos el Vietnam del Duque de Rivas cualquier cosa no nos puede achantar. Así que pasito para adelante y el Mirasierra para mi. ¡Toma ya, pa´mi pa´siempre!

Sí que es cierto que un Vietnam para toda la vida es mucho Vietnam, porque los años pesan y el rock and roll en este tipo de centros es del bueno, no del que hacen ahora esos grupos del tres al cuarto, pero luego analizas todo y ves que hay cosas en la vida de un docente casi más importantes y que en todos sitios, al final, se cuecen las temidas habas. La relación que tengas con los compañeros, con el equipo directivo, con las familias, la relación que tenga el alumnado entre sí, qué tutoría te den... son cosas que no puedes prever de ningún centro al que vayas como suprimida y que al final resultan mucho más interesantes que si eres o no capaz de dar una clase magistral en un centro "bueno" y colgarte una medalla porque tu curso pudo montar la actuación estelar de la semana cultural.

Sé que en el CEIP Pablo García Baena estoy dando el que será mi mejor magisterio musical de toda mi carrera profesional, porque sé que a donde voy lo normal es que no encuentre un alumnado tan entregado a la música y con el nivel con el que trabajo actualmente. Pero cuando l@s compañer@s me felicitan por esas actuaciones que están llevando a cabo los niñ@s en las susodichas "semanas culturales", siempre digo lo mismo "todo, es mérito de ellos", yo solo ofrezco proyectos, ellos son los que los cogen y los hacen florecer. 

Mentiría si no dijera que estoy disfrutando, pero es tan fácil lo que hago, que parece que no tiene mérito. No es que mi carera profesional anterior fuera de cum laude, a duras penas en el Duque enseñábamos a leer y escribir, sumar y restar correctamente, pero había algo de mí que realmente proyectaba en ese alumnado, no me preguntéis el qué que seguro que relataría una serie de sandeces como antes, pero me sentía más realizada. Llamadme loca. Quizás fuera un pensamiento solo, un sentimiento que fui anidando con el paso del tiempo, que me hacía volver cada día a la batalla sin sentir hastío, ni desidia, ni aburrimiento. Quizás me sentía en casa, con mi familia y aquellos niños vietnamitas simplemente eran el cuñado pedante al que hay que aguantar de vez en cuando por disfrutar del resto del pastel; quizás fuera eso, quizás me creí mis propias mentiras para sobrevivir, pero ahora es lo que siento. Se me pasará, seguro, o eso espero.

Pero también esa sensación viene dada porque aquí, en el Pablo García Baena, soy una más, y, seguramente, de las peores, por mi falta de experiencia en este tipo de ruedos, sin embargo con niñ@s motivados es sencillo ser maestra, y si tienes una materia como música, educación física, religión... pues mucho más, parece que realmente fueras buena maestra. Y te sientes bien cada día con lo que haces, e incluso te lo puedes llegar a creer, y pensar que has nacido para esto, jajaja, ilus@s, que los hay, que gritan a los cuatro vientos ¡yo es que soy músico! y se lo creerán porque dan cuatro partituras y las tocan en grupo. ¡Válgame'h el señol! A esos los llevaba yo de paseo a Las Palmeras a ver si allí eran músicos también.

El ser maestr@ y estar a gusto ejerciendo tu profesión son muchas más cosas... y en el Pablo García Baena me he dado cuenta que Vietnam no me acojonaba, pero que tenía una falta total de rodaje en esa relación que hay que tener con las familias, con los compañeros que no te son afines, con los paralelos y las coordinaciones, con un equipo directivo que puede no entenderte a veces, con la relación interpersonal entre ciclos..., con todo eso que no es una batalla directa con un alumnado poco o nada motivado, y simplemente esas cosas, a mí me han superado en el primer trimestre. He echado de menos a mi familia del Duque y lo he dicho a sabiendas de que pensaran que estaba loca, pero nuestras rutinas, nuestra forma de ver la educación, nuestros ratos de desahogo y de ocio... a mi me compensaba el Vietnam. Estoy aprendiendo muchas cosas aquí y disfrutando otras tantas en este segundo trimestre, sé que voy a echar de menos esto cuando cierre esta puerta en unos meses porque a todas luces será la última vez que me sienta como ahora. 


Pero este enero de 2025 va a ser la excepción que confirme la regla de mis últimos eneros, y la apuesta de futuro al CEIP Mirasierra va a salir bien, primero porque lo elegí yo, y no me suelo equivocar laboralmente, al menos hasta el momento mis apuestas de futuro impuestas o elegidas las he ganado, y segundo porque, como el cáncer de mama de mi madre o el de próstata de mi padre e incluso la separación de mis padres septuagenarios, al final todo ha salido bien aunque la noticia se vaticinara un enero cualquiera. De los nuevos horizontes que la vida te plantea sempiternos solo cabe aprender y superar. Así que valor y al toro, que lo bueno, siempre está por llegar.