Enero es el mes en el que nos solemos plantear nuevos horizontes, aprovechamos el cambio de año para dar un giro a nuestra vida, a nuestros hábitos, a veces es un giro pequeño, en otras ocasiones giramos un poco más y hasta nos apuntamos de veras al gimnasio, pero muy pocas veces esos planteamientos llegan con firmeza al verano. Vemos la necesidad de cambiar algo, lo hacemos en la medida en la que podemos y normalmente por la propia inercia que nos da la idea del cambio, pero somos poco persistentes la mayoría de las veces en esos empeños. Sin embargo, en ocasiones se transmiten noticias que provocan un cambio que te marca o te trastoca la manera en la que mirabas la vida hasta ese momento. Y estos sí que son nuevos horizontes y para toda la vida.
En un enero mi madre nos dijo que tenía cáncer de mama, en otro mi padre anunció que tenía cáncer de próstata y en otro primer mes del año nos dieron la noticia de que se separaban después de casi 50 años juntos. Los eneros no han sido muy halagüeños últimamente como podréis imaginar. Y sí parece que las "grandes" noticias en mi familia se dan en la temida cuesta de enero.
Sin embargo, lo que os vengo a contar tiene a todas luces pinta de ser la excepción que confirma la regla de que los eneros en mi casa no son el mejor mes del año. Y es que este curso, después de cerrarse mi centro, el CEIP Duque de Rivas como ya sabéis, a los maestr@s nos desplazaron a otros colegios, a mí al CEIP Pablo García Baena; pues bien, como no podía ser de otra manera en este enero de 2025 nos han reunido para darnos un nuevo destino definitivo. Bueno, dado, dado si lo querías, que si no te quedabas suprimido y a seguir esperando turno en el concurso de traslado. El caso es que por mi especialidad ofrecieron dos centros, uno que desde hacía unos años le hacía ojitos por la cercanía a casa sobre todo y otro que parecía ser una bomba de relojería a punto de estallar según los comentarios que estaba teniendo en el presente curso.
¿Sabéis cuál elegí? No, ése no, que me lo quitaron. El otro. Y digo elegí porque así fue, yo lo elegí, no me lo hubieran dado si no lo hubiese querido, pero quise. Y ¿sabéis porque quise la bomba de relojería? Exacto, porque también estaba cerca de mi casa. ¿Qué mejor premisa a seguir que ésa?
A parte de por la simpleza obvia del kilometraje, elegí el centro Mirasierra, que es como se llama mi nuevo destino definitivo, porque sentí que en él estaba mi futuro, no me preguntéis por qué, porque seguramente diría un montón de sandeces. Pero al igual que al otro centro le había hecho ojitos y salió rana al final, a éste no se los hice en su momento y me pareció que volvía a buscarme en el destino incierto que es la vida del maestro muchas veces, o mejor dicho en muchos casos. Así que eso, unido a la incertidumbre que otorga la posición de maestra suprimida, me hizo inclinar la balanza hacia ese lado, la cercanía a casa. Además, "¿qué bomba de relojería podría ser?" pensé, "exagerados", y es que a los que vivimos el Vietnam del Duque de Rivas cualquier cosa no nos puede achantar. Así que pasito para adelante y el Mirasierra para mi. ¡Toma ya, pa´mi pa´siempre!
Sí que es cierto que un Vietnam para toda la vida es mucho Vietnam, porque los años pesan y el rock and roll en este tipo de centros es del bueno, no del que hacen ahora esos grupos del tres al cuarto, pero luego analizas todo y ves que hay cosas en la vida de un docente casi más importantes y que en todos sitios, al final, se cuecen las temidas habas. La relación que tengas con los compañeros, con el equipo directivo, con las familias, la relación que tenga el alumnado entre sí, qué tutoría te den... son cosas que no puedes prever de ningún centro al que vayas como suprimida y que al final resultan mucho más interesantes que si eres o no capaz de dar una clase magistral en un centro "bueno" y colgarte una medalla porque tu curso pudo montar la actuación estelar de la semana cultural.
Sé que en el CEIP Pablo García Baena estoy dando el que será mi mejor magisterio musical de toda mi carrera profesional, porque sé que a donde voy lo normal es que no encuentre un alumnado tan entregado a la música y con el nivel con el que trabajo actualmente. Pero cuando l@s compañer@s me felicitan por esas actuaciones que están llevando a cabo los niñ@s en las susodichas "semanas culturales", siempre digo lo mismo "todo, es mérito de ellos", yo solo ofrezco proyectos, ellos son los que los cogen y los hacen florecer.
Mentiría si no dijera que estoy disfrutando, pero es tan fácil lo que hago, que parece que no tiene mérito. No es que mi carera profesional anterior fuera de cum laude, a duras penas en el Duque enseñábamos a leer y escribir, sumar y restar correctamente, pero había algo de mí que realmente proyectaba en ese alumnado, no me preguntéis el qué que seguro que relataría una serie de sandeces como antes, pero me sentía más realizada. Llamadme loca. Quizás fuera un pensamiento solo, un sentimiento que fui anidando con el paso del tiempo, que me hacía volver cada día a la batalla sin sentir hastío, ni desidia, ni aburrimiento. Quizás me sentía en casa, con mi familia y aquellos niños vietnamitas simplemente eran el cuñado pedante al que hay que aguantar de vez en cuando por disfrutar del resto del pastel; quizás fuera eso, quizás me creí mis propias mentiras para sobrevivir, pero ahora es lo que siento. Se me pasará, seguro, o eso espero.
Pero también esa sensación viene dada porque aquí, en el Pablo García Baena, soy una más, y, seguramente, de las peores, por mi falta de experiencia en este tipo de ruedos, sin embargo con niñ@s motivados es sencillo ser maestra, y si tienes una materia como música, educación física, religión... pues mucho más, parece que realmente fueras buena maestra. Y te sientes bien cada día con lo que haces, e incluso te lo puedes llegar a creer, y pensar que has nacido para esto, jajaja, ilus@s, que los hay, que gritan a los cuatro vientos ¡yo es que soy músico! y se lo creerán porque dan cuatro partituras y las tocan en grupo. ¡Válgame'h el señol! A esos los llevaba yo de paseo a Las Palmeras a ver si allí eran músicos también.
El ser maestr@ y estar a gusto ejerciendo tu profesión son muchas más cosas... y en el Pablo García Baena me he dado cuenta que Vietnam no me acojonaba, pero que tenía una falta total de rodaje en esa relación que hay que tener con las familias, con los compañeros que no te son afines, con los paralelos y las coordinaciones, con un equipo directivo que puede no entenderte a veces, con la relación interpersonal entre ciclos..., con todo eso que no es una batalla directa con un alumnado poco o nada motivado, y simplemente esas cosas, a mí me han superado en el primer trimestre. He echado de menos a mi familia del Duque y lo he dicho a sabiendas de que pensaran que estaba loca, pero nuestras rutinas, nuestra forma de ver la educación, nuestros ratos de desahogo y de ocio... a mi me compensaba el Vietnam. Estoy aprendiendo muchas cosas aquí y disfrutando otras tantas en este segundo trimestre, sé que voy a echar de menos esto cuando cierre esta puerta en unos meses porque a todas luces será la última vez que me sienta como ahora.
Pero este enero de 2025 va a ser la excepción que confirme la regla de mis últimos eneros, y la apuesta de futuro al CEIP Mirasierra va a salir bien, primero porque lo elegí yo, y no me suelo equivocar laboralmente, al menos hasta el momento mis apuestas de futuro impuestas o elegidas las he ganado, y segundo porque, como el cáncer de mama de mi madre o el de próstata de mi padre e incluso la separación de mis padres septuagenarios, al final todo ha salido bien aunque la noticia se vaticinara un enero cualquiera. De los nuevos horizontes que la vida te plantea sempiternos solo cabe aprender y superar. Así que valor y al toro, que lo bueno, siempre está por llegar.




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