Mira qué es difícil ser padres, ser madre. Mira qué es difícil ser hijos, ser hija. Para ninguna de estas tareas se necesita un carnet, aunque sean las dos facetas más importantes que desarrollemos en nuestra vida. Hacemos una carrera, con sus prácticas, con sus contratos de a poquitos para ir escalando puestos laboralmente y ser finalmente lo que queremos ser; y, sin embargo, para ser hija y madre solo basta con nacer y engendrar, algo natural y otorgado a todos los seres vivos, independientemente de sus capacidades para desarrollar un rol u otro.
A todas las madres nos preocupan nuestros hijos por encima de nosotras mismas, bueno no todas, que hay, como dice mi madre "madres y madrecillas", a lo que yo añadiría los términos madres, madrazas, madrecillas e hijas de puta. Y es en estos tres últimos términos en los que me quiero detener, porque tan malo es ser una hija de puta, que a ésa se le ve al final el plumero y los asuntos sociales si hacen su trabajo le ponen remedio, como ser una madrecilla o madraza. Tan malo es pecar por defecto como por exceso y a éstas no les ayuda nadie.
Los hijos son el reflejo de los traumas de sus padres, y gracias a Dios también de las virtudes, pero como en casi todo en esta vida, intentamos cubrir las deficiencias en lugar de poner el foco en las destrezas, por eso no fomentamos como debemos las fortalezas académicas de nuestros hijos, por ejemplo, y sí sus debilidades.
Para mi una madrecilla o mala madre, como se ha acuñado hace poco este término, es la madre que sabe que no llega a todo y que por defecto dejará de cubrir necesidades de sus hijos a sabiendas. Esto generará seguramente algún trauma, alguna laguna, en sus hijos, que quizás noten o no, pero al menos la familia será feliz, porque cada familia es un mundo, no comparable con ninguna otra porque cada uno de sus miembros es distinto y en conjunto crean un ente único. Y es que intentar ser perfecto y que lo sean tus hijos es morir en el intento cada día. Voto por ser feliz.
La madrazas, por el contrario, son un ser de luz tocado con una varita mágica capaz de anticiparse a todas las necesidades de su hijo y colmarlas, lo que conllevará a tener en el futuro adultos que no saben lo que quieren, sin poder de decisión, sin recursos emocionales para lidiar con la frustración, etc... Estas familias pueden que sean felices en su conjunto a pesar de que esa madraza se sienta constantemente frustrada por no llegar al cien por cien a todo porque eso es imposible y no cuestión de varitas.
Las madres, así sin apelativos ninguno, no existen, porque la perfección en sí misma no es posible. Todos nos equivocamos, todos erramos al educar a nuestros hijos porque ellos tampoco traen un libro de instrucciones, porque ellos evolucionan al mismo tiempo que crecen y modifican sus necesidades, sus anhelos, sus miedos, su carácter, su personalidad. Los padres, las madres, debemos evolucionar con ellos, pero teniendo encima el peso de la responsabilidad, de nuestras vivencias, que nos traen buenos o malos recuerdos y experiencias pasadas al presente, y que de un modo u otro trasladamos a nuestros hijos.
Yo creo que soy una madrecilla, una mala madre, no llego a todo y soy consciente, inculco mis propios miedos y fracasos en mi hijo e intento que él sin saberlo los supere. Lo apunto, por ejemplo, a una academia de inglés porque ha sido siempre mi asignatura pendiente, esa que no me ha gustado y me ha traído por la calle de la amargura a pesar de haber sido siempre una buena estudiante, pero veo que es super importante para su futuro laboral (tiene apenas 8 años y le encanta la informática). Pero no lo apunto a dar clases de música a pesar de que yo soy profesora de piano y sé que tiene cualidades para su desarrollo, y no lo hago porque él no me lo pide y no voy a cometer el mismo error que mis padres, y porque además yo sufrí en ese camino mucho más de lo que quizás aprendí, que también fue mucho.
Me paro a pensar en las virtudes de mi hijo, en sus habilidades, para fomentarlas, y me resulta complicado verlas. Quizás a mis padres les ocurría lo mismo y no venían que estar todo el día escribiendo "papelitos" o diarios era lo que debían fomentar. Al final fui periodista, pero sin duda escritora frustrada, quizás tampoco hubiera sido buena, pero eso nunca lo sabremos. A mi hijo le encantan los videojuegos, como a todos los niños en esta época, quiere ser programador, ahora mismo lo tiene claro, pero ¿cómo fomentar eso? ¿es un futuro real? También le gusta la robótica y desde hace un par de años asiste a clase, eso creo que suma a nuestro favor. Así que empate con el inglés que dice que lo odia.
Y es que mi hijo es distinto a mí en casi todos los aspectos, sin embargo lo trato como me hubiera gustado que me tratasen a mi. No sé si ese es el camino correcto, pero como mala madre es el que estoy siguiendo. Creo que a mi me hubiera gustado que me ayudaran desde pequeña con el inglés apuntándome a una buena academia que posteriormente me hiciera crecer laboralmente en mi etapa adulta, por eso mi hijo va a inglés como extraescolar, pero también asiste a clases de robótica, que es lo que le gusta y me pide, y, por otro lado, no fuerzo su inscripción en un conservatorio aunque nos perdamos a un gran músico.
No sé si lo estaré haciendo mejor que mis padres, pero cada día escribo una línea de un libro que mi hijo cerrará cuando ya no me necesite, saldrá al mundo y se desarrollará como persona. En ese momento nos otorgará a su padre y a mi la nota que le plazca y con ella tendré que convivir, igual que lo hacen mis padres cuando saco a relucir cosas de mi infancia que me marcaron de forma negativa, olvidando como mala hija aquellas que me brindaron la oportunidad de ser como soy, porque estoy orgullosa de mi misma, a pesar de mis taras, pero como decía al principio, las hijas, tampoco pasamos un examen para serlo y hasta que no somos madres no llegamos a entender mínimamente a nuestros padres, un aprendizaje que llega tarde y que en muchas de nosotras quizás no llegue nunca.
Así que intentemos mantener el equilibrio entre lo que somos y lo que nos gustaría haber sido, entre lo que nuestros hijos son y lo que queremos que sean, quizás así logremos tener algún trauma menos todos. Y si no, al psicólogo, que para eso se está convirtiendo en una carrera de futuro. El caso es que al final del día, podamos esbozar todos, padres/madres, hijos/hijas, una sonrisa.













