A veces sufrimos por nosotros mismos y
otras por los demás. Por aquellos que nos rodean y se empeñan en
sufrir. Por aquellos que no podemos ayudar o no se dejan. jueves, 31 de julio de 2014
A veces...Gaza
A veces sufrimos por nosotros mismos y
otras por los demás. Por aquellos que nos rodean y se empeñan en
sufrir. Por aquellos que no podemos ayudar o no se dejan. sábado, 5 de abril de 2014
Adiós
La música inunda mi corazón hoy y le da alas a mis manos para verter lo tragado casi sin masticar. Suena una melodía cualquiera al piano, bendito instrumento...fiel amigo que me ayuda a centrar mis pensamientos, a digerir mis sentimientos y a escribir de aquello que creo haber rumiado...
Hoy hace un día espléndido, es un día primaveral exquisito, de esos que apetece pasar en la calle con la rebequita cerca por si refresca; pero estoy en casa, con las ventanas abiertas, dejando sonar la música y mirando al horizonte que me da mi piso en una primera planta.
Bajo algo el estor de la habitación que me sirve hoy de urna, necesito intimidad, y me dejo llevar por unos violines que me envuelven y me transportan a unos recuerdos tiernos, aún frescos.
Bendita terapia...
He perdido tanto sin apenas dejarlo sentir...
He querido tanto sin apenas decirlo...
Que ahora, que parece que todo está rumiado, estas líneas me parecen cortas, insuficientes y torpes para expresar lo sentido y callado, lo amado y perdido.
Seguiré buscando el lado positivo de las cosas y mantendré la esperanza que nos da la vida, la que seguiré viviendo intensamente, pero hoy sólo quiero recordar, sentir y ....
Cuesta tanto decir adiós.
Adiós, abuelo.
Adiós, mi cielo.
Adiós.
viernes, 16 de agosto de 2013
Destino... vacaciones
jueves, 15 de agosto de 2013
Nunca más, bueno casi nunca...
viernes, 28 de junio de 2013
Hojarascas
jueves, 9 de agosto de 2012
Las despedidas de mi futuro
A unos les escribo porque se despiden de mi poco a poco, en silencio; otros porque lo hacen de repente sin llegar a conocerlos. A otros les dedico unas líneas porque nos abandonan después de luchar y a otros porque de repente les cuentan un día cuál es su fecha de caducidad en este mundo en el que para vivir hay que morir.
Hace unos días despedimos al padre de un amigo, tras un año de lucha ahora descansa en paz. Y en su despedida volví a recordar todo lo que no me gusta.
He asistido a demasiados entierros y de una vez por todas os cuento aquí y ahora que yo así no quiero morir. No quiero. No quiero que al despedirme de una vida que espero vivir intensamente el negro sea el color que me venere, no quiero.
No quiero que nadie cante con pena cánticos en mi memoria, ni campanas que tiñan a muerto, no quiero. No quiero que los que me recuerden den el pésame a mi familia ahondando en su dolor, no quiero. No quiero que un cura que no me conoce de nada hable de mi, ni de lo que me espera, ni de lo que viví, no quiero.
Sé que cuando uno ya no está en este mundo poco poder de decisión tiene, pero me gustaría dejar estas letras como testamento vital porque me gustaría que mi despedida fuera cómo a mi me gustaría despedir a los que se marchan de mi lado y que por la cultura que envuelve a la muerte hoy por hoy me resulta imposible.
Me gustaría poder soñar a cada poco con el que se marcha y vivir en ese limbo los mejores momentos compartidos. Me gustaría tanto no despedirme de una caja de pino y sí del pariente, del amigo, de la persona. Y me gustaría que una gran foto suya sonriendo presidiera ese homenaje, y que en lugar de pésame diéramos palabras llenas de vida a los que se quedan.
Odio esa costumbre nuestra de despedirnos entre llantos y sólo llantos fomentados por el circo en el que a veces se convierte la muerte. Sé que hay costumbres tan arraigadas que cumplir este deseo es muy complicado, pero creo que si despidiéramos al ser querido de esta forma el día de su despedida sólo sería el primer paso para seguir viviendo con él pero de otro modo.
Al final el dolor pasa, y lo hace porque debemos continuar con nuestra vida, hay que tirar para adelante, por este motivo me pregunto por qué sembramos más pena en la despedida con el luto y pésames vacíos. Además, el rito religioso de los creyentes es el que menos entiendo, si nos despedimos de alguien que se va a la derecha de Dios padre por qué lloramos o por quién lo hacemos realmente, por él que se va al paraíso o por nosotros que nos quedamos. Nunca lo he entendido. Jamás me he despedido ni he permitido que nadie se despida de mi entre lágrimas cuando me voy de viaje a un lugar mejor, por qué he de soportarlo en mi fallecimiento.
Sé que sentir dolor es irremediable. Los que nos quedamos aquí solos somos los que padecemos ausencias, y con ellas el dolor, a veces algo egoísta, de no poder contar con el apoyo, el cariño, la sonrisa y los consejos de la persona que despedimos. Me gustaría pensar que el día de la despedida hacemos un homenaje al que se marcha y como tal a mi me gustaría que fuese un día de fiesta.
Así que si os despedís de mi alguna vez llevad la prensa del día por si hay algo más interesante de lo que hablar; para comer os propongo jamón 5J, carabineros y vino blanco verdejo DO Rueda, me encanta; y si os vais a poner nostálgicos... que suene alguna melodía al piano mientras relatáis mis hazañas. Eso sí, mantened una sonrisa, poneros guapetes y bailad hasta el amanecer pop de los 90, quizás de un entierro salga una boda y el mundo al final se pliegue sobre si mismo para volver a empezar. Gracias, yo os devolveré el favor preparando todo allí donde uno vaya para recibiros también con otra fiesta. Salud.
martes, 13 de marzo de 2012
Vivir para luego olvidarlo
Mi abuela se olvida de su vida poco a poco. Se olvida de lo inmediato y de lo lejano. Se olvida a ratos, pero se olvida. Poco a poco le da la bienvenida a esa enfermedad que te convierte en un niño al que cada día hay que enseñar algo. Mi abuela aún me recuerda, aún me besa y saluda con afecto e interés, pero sé que algún día la besaré sin que sepa que soy su nieta mayor. Seré una desconocida. Temo ese momento, sobre todo por ella, porque no recordará la gran mujer que fue, que es y será a pesar de todo. Tampoco recordará que me encantaba ir a su casa cuando tenía seis o siete años y ver como preparaba los mejores filetes con patatas que jamás he probado, ni cómo me gustaba quitarle su sitio cuando se levantaba de su mecedora. No lo sabrá por su enfermedad, pero también porque nunca se lo dije. Esto me hace reflexionar sobre todas las cosas que nos callamos y no decimos a nuestros seres queridos. Pensamos que no hace falta o que siempre habrá tiempo para decírselas. Ahora, con mi abuela, me doy cuenta que no.
Hay momentos en los que mi abuela aún sigue siendo ella, y otros en los que se camufla como un mueble en una habitación. No mira, no habla. Está ausente. Se diluye y no participa en la tertulia familiar. Sin embargo, cuando mi abuela es mi abuela, ella recuerda anécdotas de su infancia que me llenan de alegría e ilusión. En esos momentos, mis tíos la interrogan intentando anclar sus recuerdos a esta vida que aún vive con nombres y apellidos. Pero es esa vida que aún disfruta la que se diluye como el azúcar en el café, sin que nadie puede hacer nada. No hay remedio para esta enfermedad, para este maldito mal, que nos arranca cuando llega nuestra esencia y nos deja como un trapo tirado en una cuneta, sin nombre, sin dueño, sin alma.
Siempre es grato escuchar la voz de la experiencia, escuchar vivencias de otras épocas, de guerras vividas y de regímenes extinguidos. Siempre es extraordinario, pero en los últimos meses me lo parece más, porque sé que esas vivencias y esa sabiduría se perderán con la memoria y los recuerdos de mi abuela, que quedarán recluidos en vida dentro celdas en las que no habrá cerraduras. Se extinguirán sin remedio como la conciencia de una gran mujer, la que ahora, en esos momentos que tiene de “me olvido de todo y luego lo recuerdo”, revive con extrañeza y entusiasmo cosas que, por elementales, yo ni siquiera veo.El otro día celebrábamos en casa el cumpleaños de mi abuelo. 85 años. Mi abuelo aún conserva todos sus recuerdos, pero desde hace unos meses su mirada parece triste, su caminar más lento y su ilusión sin aliento. Mi abuelo la mira con pena contenida, y eso me entristece. Ver cómo dos personas vitales van perdiendo sus energías poco a poco, y lo que es aún peor sus recuerdos, me llena de nostalgia. Entiendo lo que debe pasar mi abuelo, no debe ser plato de buen gusto ver como la persona que más has amado se disipa como una nube en una tarde de verano.
Ese día mi abuelo festejaba su cumpleaños con gastroenteritis. A esa altura de la vida es normal estar en el ambulatorio un día si y otro también, el cuerpo se resiente, así que mi abuelo no estaba para muchas fiestas. Su familia, sin embargo, nos resistimos a no celebrar con él y mi abuela cualquier fecha memorable, igual que yo revivo ahora en mi cabeza la madurez de mis abuelos y mi niñez intentando anclar también mis recuerdos.
Durante la celebración, mi abuela se volvió a convertir como otras veces en el centro de atención. Sin un anfitrión con ganas de fiesta, ella acaparó todas las preguntas. De este modo, mi abuela, con la inocencia que desde hace meses irradia, me abrió los ojos.
Alguien le preguntó tras soplar mi abuelo las velas:
- “Abuela, y tú ¿cuántos años tienes?”.
A lo que ella respondió: “No me acuerdo”.
- “Abuela, tienes 81 y el mes que viene cumples 82”.
- “¿Qué yo tengo 82 años? ¿Todo eso he vivido ya? ¡Qué barbaridad!, espetó. Yo hubiera dicho que tengo unos 60.
- Abuela, tu hija mayor tiene 60.
Mi abuela había perdido en el olvido y de un plumazo 22 años de su vida, o lo que es lo mismo toda su adolescencia y juventud. Me di cuenta en ese instante que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de lo que vivimos, ni cómo lo vivimos, y que sólo cuando comenzamos a olvidar que hemos vivido descubrimos cuánto ha sido, y lo poco o mucho que lo hemos disfrutado. Mi abuela me abrió los ojos. No quiero vivir sin pena ni gloria, quiero pisar cada instante, como se pisan las uvas para exprimirles su zumo. Quiero anclar lo bueno y lo malo, señales de lo vivido, pero sobre todo quiero sacarle a la vida hasta la última gota que pueda darme. Quiero vivirla, por si luego toca olvidarla.
martes, 17 de enero de 2012
La magia de la música y el autismo
sábado, 3 de diciembre de 2011
Mi autoayuda, tu autoayuda, nuestra autoayuda
domingo, 25 de septiembre de 2011
Consecuencias del 302
Y ahora el D. 302 lo complica un poco más si cabe... no basta ya con meter cabeza, como se decía antes, ahora debes ser sobresaliente siempre, a pesar de no optar a plaza. Y esto, que puede parecer ideal para los alumnos, no lo es. ¡Los mejores de los mejores les darán clase!, dice el consejero de Educación. Pero esto no es cierto por varios motivos: el primero, que el interino que destina su tiempo a los libros para ser excepcional en un examen, no puede dedicar todo su tiempo a sus alumnos. Y en segundo lugar, a ser maestro se aprende en el aula y no en la biblioteca estudiando. La ordenación en la bolsa debe ser por tiempo de servicio por asegurar la calidad de la enseñanza, simplemente.
Cierto es que cuando terminas Magisterio y te presentas por primera vez a unas oposiciones ves imposible lograr una plaza, muchos de nosotros sentimos eso, otros la obtienen, pero creo que estar entrebastidores ayuda a ser mejor maestro y lo digo por experiencia, la primera vez que dí clase tenía 21 años y sentí que aquello me venía grande. Tanto es así que dejé de hacer sustituciones, hice otra carrera, trabajé en otro sector, y ahora a mis 34 años he vuelto. Me examiné en 2009, saque un 7 de media y entré en bolsa, no comencé a trabajar hasta septiembre de 2010 y esta vez, cuando entré en mi aula por primera vez sentí que ya estaba preparada, que esos niños eran mis alumnos y que tenía la madurez para enfrentarme a sus necesidades.
Lo ideal es trabajar cuanto antes, sobre todo en tiempos de crisis, pero si en lugar de ser interina a los 21, hubiera sido docente fija, jamás hubiera abandonado la educación, ¡es un trabajo para toda la vida, hubiera dicho mi familia, mi entorno, yo misma!, y hubiera aprendido a ser maestra a costa de alumnos que hubieran pagado mi falta de experiencia en la vida, en un trabajo, en la educación...Es como ser padre a los 20, ¿quién está preparado? Para ser un buen docente, hay que hacer un rodaje con interinidades, y éstas deben ser dadas según la experiencia docente. DEROGACIÓN DEL 302, YA!
¿Y cómo solucionamos las posibles injusticias que se derivan de mi plateamiento? Pues, muy fácil, haciendo un temario único, que los exámenes sean lo más objetivos posibles, que los centros hagan informes favorables o no del interino y que para permanecer en bolsa haya que aprobar, tengas o no tiempo de servicio. Los aspirantes pensarán que de este modo no trabajarán nunca, mi experiencia es que con una nota “normal”, un 7 de media, sólo tuve que esperar un año para que me llamasen, no sé si en todas las especialidades es así, la verdad, pero creo que es un tiempo de espera prudencial. Lo que no es justo, ni lógico, es que se trafique con la calidad de la enseñanza por intereses económicos, dando a la “formación permanente” un valor meritorio que no se merece.
El decreto 302 no vela por la calidad de enseñanza, pero tampoco por la estabilidad de las personas que quieren ejercer la docencia. Un organismo público se convierte así en la peor de las ETT, ya que no mira la experiencia, algo que no pasa en ninguna otra. Si un carnicero hace bien su trabajo en una tienda, suele ser al que mandan siempre que esta tienda lo necesita: conoce el sistema de trabajo, a los clientes... La CEJA, no.
Como decía al principio, no sé que hacer, no quiero tirar la toalla, pero es cierto que cuando tienes un hogar que mantener es muy difícil elegir la opción que supedita tu vida a que cada dos años ésta dependa del resultado de un examen y de los cambios legislativos que casi a hurtadillas se hagan, como ha sido el caso del decreto 302.
Para terminar, el colmo, los cambios en el acceso al cuerpo de maestros. Nuevos temarios, pruebas, directrices... y así, los perjudicados por el Decreto 302 también pagaremos en 2013 la novatada de este nuevo acceso, siendo los conejillos de indias de una administración que planifica siempre mirando por los intereses de un solo sector de la población y no por la globalidad. Yo pagué el pato cuando los interinos entraban al examen, firmaban y se iban, (otro de los motivos por los que dejé las oposiciones cuando era “joven”); pagué con el modelo transitorio, viendo pasar a plaza a todos los interinos, a los que se les daba un 10 en uno de los exámenes; pago ahora por el 302, al ver como 70 personas me han adelantado en las listas por tener cursos en lugar de experiencia; y mucho me temo que pagaré con el nuevo acceso que están negociando los que dicen llamarse sindicatos y el Gobierno.
POR UN SISTEMA JUSTO, POR LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA, DEROGACIÓN DEL 302, YA!!
Por todo esto mis dudas, por todo esto mi desazón, por todo esto os pregunto, ¿qué hago?
lunes, 1 de agosto de 2011
Reflexiones para el futuro
Seguramente esté pendiente de una lista que me posicione bien y quepa la posibilidad de trabajar en la enseñanza el año que viene, el factor suerte se antoja en este tema demasiado dominante, lo que me provoca mayor desazón. También estaré pendiente de las oposiciones en Madrid, estudiaré algo y a probar suerte. A parte de esto poco más.
Y como estar pendiente no ha llenado nunca mi espíritu me planteo ya otras alternativas. La primera, reforzar mis conocimientos de cara a las oposiciones de 2013; la segunda, mejorar mi inglés y la tercera, buscar otra salida laboral que no sea ni el periodismo, ni la enseñanza... en este sentido he pensado en hacer Psicología por la UNED, siempre me ha llamado la atención esta ciencia, y me gusta ayudar a la gente a resolver sus procesos mentales, así que...
La solución llegará en septiembre, ahora, después de la nada, prefiero celebrar el presente y disfrutar del viaje a New York y de las merecidas vacaciones.
domingo, 3 de julio de 2011
Antes de nada o de todo
En ese instante, en el que se me estruje el corazón al ver los números salientes, tendré que reflexionar, desde la madurez que me caracteriza (esto me lo escribo para que no se me olvide), que no pasa nada y que la lucha debe continuar. Y es que, sin querer hacer demagogia, a diario nos acercamos a verdaderos horrores que son televisados y que cada vez menos nos hacen levantarnos del sillón o cambiar de canal. Yo tampoco lo haré en esta ocasión.
Otra reflexión típica, pero no por ello con menor efecto placebo, es la siguiente: "Algunas cosas llegan cuando tienen que llegar y poco se puede hacer por cambiar esto". Hay que mirar al futuro, sí al futuro, con el mismo optimismo con el que me embarqué en un proyecto encajonado desde hace una década. La ilusión y ese optimismo hacen posible sacar de cualquier situación o circunstancia lo mejor. Ésa será mi prioridad. El presente se arreglará con unas cervezas de más y alguna que otra palabrota.
Si esto es el antes del todo...no hace falta reflexionar sobre nada, sólo dejarse llevar porque la emoción será tal que sólo quedará el goce y la celebración. Menuda fiesta voy a montar (esto lo escribo para que no se os olvide).
Pero, ¿qué es el todo o la nada?, ¿qué distancia hay entre uno u otro concepto? El camino que une ambos valores es el de la satisfacción por el trabajo realizado, la compensación por el esfuerzo; cosas que dependen del nivel de exigencia de cada persona. Yo soy exigente, pero también comprensiva, sólo deberé aplicarme más de la segunda que de la primera y esperar que el resto de este año, que nacía prometedor, termine por cumplir de un modo u otro las expectativas.
Ah, y recordar que pase lo que pase me esperan en Lyon y New York!!!
sábado, 22 de enero de 2011
Solamente tú
Hay canciones que tienen un "pellizco" especial, que te encogen el corazón por los recuerdos que te traen a la memoria, porque evocan futuros prometedores o porque narran tu presente convirtiéndose en su banda sonora. Para mí, ésta es una de esas canciones. Cada vez que la escucho, recuerdo lo infinitamente feliz que me siento cada día a tu lado y revivo mi amor hacia ti desde sus inicios, sin poder imaginar un mañana en el que no estés. Solamente tú, sólo tú eres capaz de regalarme una sonrisa que me haga soñar cada mañana. Tú y tú y tú y solamente tú eres mi vida. Porque sólo una caricia tuya hace que me pierda en un mar de sentimientos, me entregue a ti y se ilumine mi alma. Tú y tú y tú y solamente tú eres mi principio y mi fin. Eres mi paz, mi alma, mi locura...
Te quiero, amor.
domingo, 2 de enero de 2011
2011
![]() |
| FOTO: ROLDÁN SERRANO |
lunes, 20 de diciembre de 2010
Instantes después
Ahora estoy en pleno salto, volando, con la mirada fija en el centro de la diana en la que debo aterrizar. No sé si el vuelo será largo o corto, sólo deseo no marearme mientras surque el cielo. No le tengo miedo a las alturas ni al aterrizaje, sé que será bueno. Y es que si hay algo que tengo claro es que el 2011 nos traerá a todos cosas buenas. No podemos ir a peor, no? Fuera de bromas, dicen que las mujeres tenemos un sexto sentido, yo lo afirmo, al menos yo sí que "presiento" cosas, por decirlo de alguna manera. No sé si serán deseos disfrazados de premoniciones o no, pero sea como fuere el año que entra será mi año. Ya lo veréis!!!! Lo he visto y me gusta. Las rodilleras las tengo preparadas para el aterrizaje, por si acaso, pero creo que será sufuciente con el optimismo.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
El optimismo por bandera
Con esta actitud nueva dejaremos de llorar por no ver el sol y, al final, avistaremos las estrellas o esa ventana que se abre tras cerrarse la puerta. Y creeremos que el futuro, que se fabrica segundo a segundo, puede ser mejor que el presente, que se diluye en el pasado, también instante a instante.
domingo, 17 de octubre de 2010
Cuando dejé de ser periodista
El docente, además de ser el/la que transmite los conocimientos que los menores deben adquirir, es padre/madre de sus alumnos durante el horario lectivo, psicólog@, amig@, especialista en los distintos trastornos evolutivos y de maduración, detector de maltratos y un sinfín de cosas más que, por no aburrir, no relataré aquí. Y si todo eso fuera poco, el/la maestr@ tiene que responder ante la administración y los padres, cuya mayor preocupación son los resultados, sin importarles las circunstancias que a diario debe hacer frente el docente para, a veces, sólo educar.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Instantes antes
sábado, 4 de septiembre de 2010
Cosas del desamor
La línea que separa el amor del desamor es tan delgada como la que a veces divide la vida de la muerte. Quizás por eso nos sentimos vivos cuando amamos y muertos cuando Cupido nos deja tirados en la cuneta. Hay miles de libros escritos gracias al desamor, igual que telenovelas y culebrones, y es que cuando alguien al que amas te dice que ya no siente lo mismo que al principio, que la relación no es posible por una u otra cuestión y que te desea lo mejor en el futuro porque te lo mereces se convierte en uno de los mejores argumentos para rellenar páginas de libros de autoayuda y minutos de televisión o cine. Y todo porque cuando el ser amado se pone frente a ti y te cuenta su visión de la relación es como si en ese instante alguien te arrancara el corazón de un mordisco y lo arrojara a una hoguera, una en la que se queman, además, los cientos de recuerdos que en ese momento llegan a tu mente intentando encontrar el por qué, la explicación que resuelva la ecuación que se te ha impuesto y de la que ni siquiera encuentras la equis a despejar. El problema es que esa operación no tiene solución, al menos no la que en un principio quieres hallar, pero de eso te das cuenta meses después.
Hasta que llega ese día, se pasa por distintas fases: incredulidad, negación, alegría desmesurada, odio y, finalmente, aceptación. Hay que pasar por todas y cada una de ellas para superar esta crisis, aunque hay quien desarrolla alguna más. El caso es que sólo cuando aceptas que no has tenido la culpa de ese desamor, que no es un fracaso que añadir a tu vida y que veces las cosas terminan sin que se sepa muy bien el por qué puedes avanzar y mirar al futuro. Al fin y al cabo es en él donde tienes que pasar el resto de tu vida.
Para ir en busca de ese futuro, siempre prometedor, sólo hay que andar y no perder un segundo en mirar atrás, fijarte como meta la propia felicidad, la cual está, gracias a Dios, en muchos más lugares que en el corazón de una sola persona. Búscala y disfrútala. Del desamor se sale, como de una gripe de invierno, sólo hay que tomar los medicamentos adecuados para curarse por completo y prepararse para la primavera, que cada año llega inexorablemente.
La medicación no es otra que una dosis de paciencia, calma y sosiego para aguantar la llegada del cambio de estación, mezclada con otra de optimismo, ilusión y esperanza para vislumbrar mejor el futuro, porque cualquier cosa llega a ser mejor que continuar al lado de alguien que no te quiere ni te respeta. Para endulzar esta píldora contra el desamor los amigos son el mejor azúcar, así que abusa de ellos lo que quieras porque no engordan.
Sobre el dicho de agarrarse a un clavo ardiendo, olvídalo, no sirve de nada, y de aquel de que una mancha de mora con otra se borra asegurarte desde aquí que sólo alivia, pero no cura. Contra la flaqueza, el desánimo y la desesperanza que te invadirán a diario sólo te tienes a ti mism@ y a la firmeza con la que creas en tu futuro. Vive y no te dejes matar por alguien que no te merece.
P.D. Para los que un día sintieron que su corazón se partía en dos.
















