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viernes, 2 de agosto de 2024

Cuando la cuarentena te alcanza

 Ayer salí a andar con mis vecinas y al concluir la hora nos sentamos en una terracita a refrescarnos. Pero la idea en realidad era darnos un premio por el esfuerzo mantenido que llevamos haciendo durante el último mes, en la que hemos salido a andar un par de días a la semana, a más o menos buen ritmo, según nos comentan los chicos del residencial donde vivimos. "No está mal", esbozan pensando seguramente "eso no les sirve para nada". Y nosotras lo sabemos también, ninguna de las "taras físicas" que salieron a relucir mientras degustábamos nuestra cervecita se arregla con salir a andar una hora escasa un par de días a la semana. Pero bueno, he de destacar que todas hemos cumplido la cuarentena en años, hemos sido madres y la vida no nos da para más, tampoco el dinero, que si no otro gallo nos cantaría a todas, que nos hubiéramos librado a mano de bisturí y tratamientos de papadas, bolsas de canguro, celulitis, párpados caídos y demás miserias que todas tenemos en un abrir y cerrar de ojos, o eso decimos, que luego en realidad a todas nos da canguelo pasar por quirófano. 

Este tema suele ser recurrente en las mujeres de nuestra edad, al igual que terminar la conversación reseñando que "para la edad que tenemos estamos divinas", y es cierto. Tengo 47 años y no puedo estar como una de 37, eso es físicamente imposible, a no ser que sacrifique parte de mi vida en correr por delante de mi edad para que ésta no me alcance, y eso es complicado cuando me paso el día corriendo para llegar a donde debo.

El cambio físico en las mujeres después de los cuarenta es normal, está en la hoja de ruta de todas nosotras, hay que aceptarlo y combatirlo, por qué no, si una quiere, pero sobre todo para que no ocurra lo contario, y es parecer más mayor de lo que realidad se es. Sin embargo, ayer lo que nos afectaba de verdad, aunque tiene remedio como todo lo anterior, es la presbicia, porque ésta no se puede disimular con ropita mona holgada donde debe de serlo. La presbicia no se arregla como las canas, pasando una vez al mes por la peluquería y luego ya te olvidas, la presbicia te delata en el supermercado cuando no puedes leer los ingredientes de algún producto, en la calle cuando no aciertas a leer con claridad los WhatsApp que te llegan, en casa cuando lees un libro. La presbicia es el punto de inflexión hacia la caída, llega sobre los 45 años y no deja a títere con cabeza. Con ella no ocurre como por ejemplo con la miopía, que se disimula muy bien y además no la tiene todo el mundo, de la presbicia ni se libra nadie ni se puede disimular. Es entonces, con la presbicia, cuando te das cuenta que te has hecho mayor, o al menos, más mayor de lo que te creías eras.

Llegados a los 45 te presentas ante el espejo con la mitad de tu vida vivida y miras hacia el futuro con lo cosechado en esos años, tanto física, económica como emocionalmente. Y ahí en cuando le vienen los traumas a muchos. A nosotras no, que conste. Esos a los que sí, se vuelven vigoréxicos, cambian de pareja o se plantean su futuro laboral. Esto último como es más complicado en España no se suele cambiar, casi nadie tiene el coraje de dejar su trabajo a esta edad porque no se sienta valorado, pero darse un garbeo por el mercado, mirar el menú aunque se esté a dieta y apuntarse al gimnasio para perder unos kilitos...eso sí, eso lo hacemos todos. Reconocedlo. Que será porque ya te duele la espalda y tienes que cuidarte, que será porque hay chicos y chicas muy monos por las calles y no pasa nada por mirar, que sí, pero que con 30 años no lo hacías o lo hacías menos. Al menos la gente de mi generación. Lo haces ahora con 45 porque ya no te queda otra, porque necesitas reafirmarte en tu relación contigo mismo, con tu pareja, y con tu trabajo. A esta edad te tiene que gustar lo que tienes  porque si no es así, vas a pasar el resto de tu vida en un trabajo que no te gusta, con una pareja que no entiende y con unos kilos que no soportas ni emocional ni físicamente.

Y dicho esto, para arreglar el mundo y a nosotras mismas, al menos sobre el papel, mis vecinas y yo nos tomamos un par de cervezas y un trío de pinchos, no hubo miedo a las calorías porque, al final, para la edad que tenemos "estamos divinas".

sábado, 12 de junio de 2010

Algunos apuntes sobre la vida

La vida. ¿Qué es, qué significa, qué supone? Dicen que es un milagro, por lo que tenemos que vivir cada día intensamente, como si fuera el último. Esto supone que nos volvamos locos intentado hacer de ella algo importante, trascendental, que nos convirtamos en ambiciosos y que no sepamos conformarnos con lo que nos toca. Aunque ahora con la crisis es otra historia, claro. Y es que la vida es maravillosa para algunos y una condena para otros. Sólo hay que mirar en los suburbios de cualquier ciudad para darse cuenta que hay que saber vivir al igual que hay que saber morir.

Dicen que el que no arriesga no gana y el que no gana no prospera, no supera sus miedos ni cumple sus sueños. Pero, ¿cuáles son los sueños que se pueden tener hoy día?, ¿a qué podemos aspirar sin volvernos locos?, ¿qué podemos alcanzar sin morir en el intento o sin dejarnos la piel o la dignidad en ello?. Ahora yo me conformo con no estar en paro.

Cumplimos años sin apenas darnos cuenta, y cuando lo hacemos creemos que hemos perdido el tiempo, que no lo hemos aprovechado del todo. Es como cuando vas de viaje y regresas, al ver las fotos siempre te queda la sensación de que podías haber exprimido aún más los días o las noches, o simplemente que podías haberte traído un souvenirs más o haber fotografiado tal o cual monumento.

Dicen que hay una edad para cada cosa, pero ¿quién marca eso?, ¿qué se supone que debo hacer a los 20, a los 30 o a los 50?. Intentamos encasillarlo todo, y es que todos tenemos, aunque lo neguemos, prejuicios. No está bien tener un novio de 20 si tienes 50, al igual que tampoco está bonito usar minifalda pasada una edad, por muy de moda que esté. Para los hombres es distinto, ellos si pueden tener una amante 30 años más joven y vestirse como playboys al divorciarse. Pero esto es otro tema.

En la vida, que es de lo que hablaba, hay a veces que el miedo te deja paralizada, no te deja pensar y casi siempre hace que recules. Si tienes miedo al fracaso, a equivocarte, ¿cómo luchas contra eso?, cuando al mismo tiempo también tienes miedo de no aprovechar las oportunidades que te brinda la vida. Durante toda mi existencia he procurado no tener que arrepentirme de no haber hecho algo, todo en lo que he creído o he deseado lo he llevado a cabo. He errado, pero he vivido.

Los libros de historia no los escriben los cobardes, eso dicen al menos. No es que quiera pasar a la historia, claro, sólo quiero mirarme al espejo y ver reflejada a una luchadora que no tiene miedo al éxito y tampoco al fracaso. Y es que no hay peor temor que el que se le tiene a veces a lograr los sueños, porque cuando los alcanzas debes de mantenerlos, cumplir las expectativas y no defraudarte ni ti misma ni a los que te rodean. Qué duro es el éxito... y quién lo pillara,no? jajaja.

Los cambios acojonan siempre porque nunca sabes si son para bien o para mal, y si encima los tienes que afrontar porque los has provocado tú, la cosa se empeora. Me gustaría leer esto en un futuro y alegrarme por lo vivido, como hasta ahora.