Cuando retomé este blog la última entrada que leí fue la de mi reciente maternidad, fue ésa la que hizo darme cuenta lo mucho que había dejado atrás no escribiendo en este espacio virtual durante tanto tiempo. Mi hijo tiene cumplidos los 8 años y en todos estos años hemos evolucionado tanto juntos, hemos crecido tanto ambos, que es una pena no poder releer la emoción que sentí cuando dijo MAMÁ por primera vez, o cuando dio sus primeros pasos, le salió el primer diente o se le cayó. O cuando fue su primer día de guardería o de cole...son tantas las cosas perdidas. Las tengo en mi recuerdo, en fotos, en vídeos, pero en ninguna se plasma la emoción, los miedos, la alegría, la entrega, de ahí que vuelva a prometerme serme fiel en este pequeño espacio personal de reflexión.
Mi hijo es especial, un ser de luz, mucho mejor que su padre y que yo. Y esto lo diremos todas las madres, o no, pero yo os explico por qué mi hijo sí lo es, de verdad.
No sé cómo a su corta edad ha aprendido a querer como quiere, nos quiere. Es la única persona que conozco en el mundo que es capaz de decirnos cada día, en el momento justo, cuando más lo necesitas un TE QUIERO, ERES LA MEJOR MAMÁ DEL MUNDO. Es la única que me afirma no estar haciéndolo del todo mal, es la única de la que se lo escucho y me lo creo, sin sonar a nada más que agradecimiento, orgullo y amor. De su padre y de mí no lo ha aprendido, o puede que sí. Ninguno de los dos somos personas cariñosas con nadie, salvo con nosotros dos. Aprendimos a serlo juntos y entre nosotros, y con nuestro hijo, pero nunca tenemos esas muestras de afecto que Hugo nos dedica a base de besos, abrazos y te quieros con nuestros padres o hermanos. Él sí es capaz, lo ha aprendido hacer mucho antes que nosotros, por lo que tiene ganado un largo camino, porque saber decir TE QUIERO a quien quieres a veces no resulta fácil, a mi no me lo resulta y nunca he sabido por qué, porque mi madres es otro ser de luz capaz de amar, a veces hasta demasiado y quizás por eso sea yo todo lo contrario. No sé, pero avalo y valoro a aquellos que son capaces de sentirlo y demostrarlo sin pudor.
Espero que Hugo no cambie, que siga así en sus años de adolescencia, que no se aleje tanto como para sentirlo lejos, porque será duro, como lo debe ser para mi madre aunque yo nunca haya sido de esa forma y ya esté más que acostumbrada.
Dicen que a veces damos lo que necesitamos recibir y por eso yo le brindo a Hugo la seguridad plena de mi amor cada día, aunque a veces se vuelva un poco pesado y yo no esté en mi mejor momento del día, siempre intento estar presente y devolverle lo mucho que me da.
La maternidad es muy complicada. Las mujeres de mi quinta llegaron a ella o por devoción, o por el reloj biológico ese que dicen que tenemos y que creo que es solo la sociedad que nos señala de un modo u otro que eso es lo que toca, o por un error de cálculo. Hoy día el error de cálculo tiene mejor solución que hace unas décadas, con lo cual ya nadie llega por error si realmente no quiere; por devoción creo que cada vez menos, al menos en número de hijos, antes se daba más veces el caso de llegar al trío de ases, ahora a duras penas se tiene uno. Creo realmente que la sociedad marca mucho la necesidad de tener hijos, quizás antes porque los hijos ayudaban en la casa, en el campo y demás, y ahora porque es sinónimo de pareja feliz, completa y con futuro. Todos de un modo u otro, aunque cada vez menos, nos sorprende que una pareja no tenga hijos y enseguida queremos saber el por qué, si es por falta de ganas, de creencia, por problemas biológicos...nos resulta raro, y de cierta forma nos da pena, que esas parejas no hayan podido tener hijos de forma biológica o que uno de los dos se resista a ser padre o madre.
La pena a veces dura poco cuando vez a tu lado a tu hijo con una rabieta o cuando te acuerdas de las extraescolares o los deberes, es entonces cuando aunque sientes esa pena interior acabas diciéndoles en voz alta: qué suerte tenéis, disfrutad vosotros que podéis, los dos solos, podéis viajar, ver mundo, sed libres en definitiva. Pero al llegar a casa, esa ansia de libertad recomendada a esa pareja feliz, que vive como de eternos novios, porque en muchas ocasiones te sientes frustrada sin saber qué hacer o cómo con tu hijo, se dispersan porque llegas a tu hogar, a tu refugio, donde los besos y los abrazos se amontonan, donde el TE QUIERO más sincero que escucharás nunca sale de esa boca mellada sonriente que te cubre y sana el alma, es entonces cuando ha valido la pena las noches sin dormir cuando era un bebé, la preocupación cuando enferma o la lucha para hacerle entender lo importante que es la disciplina, el esfuerzo y el trabajo constante.
Todo se desvanece porque aunque en ciertos momentos tu vida reclama libertad, cuando te sientes libre te sientes algo vacía, y estás fuera de casa el tiempo justo que necesitas para evadirte de ser madre, pero igual que lo haces con tus amigas para evadirte de ser esposa. Todos necesitamos nuestra parcela propia, interior y exterior, en la que volver a encontrarnos, y creo que es posible tenerla, solo consiste en comunicarte con tu pareja y leer en sus ojos y él en los tuyos cuando necesitas desconectar de una de las partes de tu ser. Es entonces cuando sales con él o ella a cenar y te reencuentras como pareja, sales con tus amigas para cultivar la amistad y desconectar no solo como madre sino también como esposa, es cuando sales a correr sola para ordenar tus ideas y reencontrarte contigo misma. Es necesario.
A diario veo mujeres esclavas de su maternidad, por cómo ellas mismas la entienden. Una maternidad consistente en ser la mejor ama de casa, la mejor maestra de apoyo, la mejor cocinera, la mejora amiga de sus hijos, la mejor enfermera, la mejor estilista, la mejor entrenadora y coach, la mejor en definitiva en todo...y así resumo un párrafo agobiante. Pero además de eso en su pareja no existe una comunicación efectiva sobre sus necesidades como mujer, ni como madre ni como esposa, lo que conlleva tener una carga no solo mental, que esa la tenemos todas y no nos la quita nadie, si no también física. Son mujeres cansadas de la vida que tienen, que ven en esa libertad de la pareja de novios un anhelo imposible de tener, que entran en la rutina marital y familiar y no se encuentran así mismas... y entonces te cuentan que compran online porque no pueden hacerlo de otro modo, no tienen tiempo, o que van a hacerse las uñas o a la peluquería a una hora en la que no molesta su ausencia, que no salen con su pareja porque no tienen con quien dejar al niño y por supuesto no son madres de esas que antepongan sus necesidades a la contratación de una canguro, eso nunca, porque caerían del primer puesto de mejores madres y es lo único que les queda.
Y se llenarán de amor con los TE QUIERO de sus hijos, pero no serán felices, no al menos de forma completa. O ellas se sentirán vacías o lo estará su matrimonio. Y es entonces cuando las parejas se empiezan a desmoronar y llegan los divorcios. Actualmente la tasa de mujeres divorciadas de más 40 años es del 26% respecto a los 76.685 divorcios que el año pasado hubo en España entre parejas de 40 a 49 años, convirtiendo a esta franja de edad en la de mayor número de casos con 30.678. Es para pensarlo un poco.
Creo que estos ocho años que llevo siendo madre no lo he hecho del todo mal, espero que le cause los menos traumas futuros a mi hijo mi manera de llevar la maternidad, eso no lo sabrá él hasta que no cumpla cierta edad y yo quizás nunca; espero que mi matrimonio siga evolucionando como lo ha hecho hasta hora, cierto es que tengo al mejor compañero de viaje que pueda tener, después de 27 años juntos, 17 de casados, creo que lo puedo decir, pero ninguno de los dos podemos darlo todo por hecho, ni como pareja ni como padres, aún nos queda mucho camino por recorrer y aunque hay una frase que siempre está presente en mi casa "The best is yet to come", es imposible tenerle cierto reparo al futuro como padres, como familia y como pareja. Nunca se puede dar por hecho nada salvo vivir el presente disfrutando lo máximo posible de las cartas que cada día nos reparte la vida, y esto hay a veces que lo olvidamos demasiado a menudo.
Nosotros hemos comenzado otra etapa de nuestra vida hace poco, la Primaria trae situaciones distintas a las de Infantil, comenzamos en breve la preadolencencia con mi hijo, así como el cambio de mi puesto de trabajo o la aspiración de mi pareja de cambiar el suyo. A mi alrededor también está en proceso de cambio mi familia más próxima, algo que queramos o no afecta a la tuya propia. Espero que este 2024 acabe mejor de lo que empezó y que ellos tengan cierta paz para irradiarla a los demás, a nosotros, así como aspiro a que nosotros, mi familia de tres, también pueda hacer lo mismo y veamos todos el 2025 con otros ojos o con otro color de cristal de gafas.
Dicho esto, mujeres, madres y esposas no pretendan ser lo que fueron o no fueron sus abuelas o madres, sed vosotras mismas, con sus virtudes y sus defectos, no quieran llegar o ser lo que físicamente es imposible, lleguen hasta dónde puedan y cómo puedan, sus hijos las querrán igualmente, así como sus parejas si es que las quieren felices. De otro modo sus hijos y pareja solo tendrán en casa el reflejo de una madre o esposa cansada, hastiada, un espectro de lo que en realidad pueden llegar a ser con menos, y ustedes... se sentirán vacías, tanto que lo mismo les da por querer no estar donde en realidad quieren estar.
Un abrazo hermanas.









